lunes, 19 de diciembre de 2011

Mariposa.

Hay mariposas que no son de verano
ni de primavera.
Hay mariposas que solo viven 
en la canción de un cubano
De esas hay pocas.
Otras vuelan lejos y se pierden de estación 
y se tiñen de blanco.
Unas más grandes que otras
imponen su colorido 
entre metálicos tonos.
Niños se sorprenden 
como si solo existieran en el canal del cable. 
Otras pequeñas unicolor 
alzan el vuelo y parecen 
engañar la vista;
¿Era una mariposa?
Están las imaginarias 
esas de los enamorados 
de vuelo ágil, 
se esfuman rápido.
Hay mariposas abstractas 
creadas por una mano pequeña 
que en sus colores recrean 
la infancia más pura, 
plasmadas en papel. 

domingo, 19 de junio de 2011

No llores.

A esta hora ya no llegó. Son quince minutos. Me hubiese avisado. Ahí viene un bus. Se detuvo. No logro distinguir bien, los vidrios están empañados. Se bajan tres personas. Mejor me voy. ¿Y si se confundió? Simplemente no pudo venir y no pudo avisarme. Mejor escucho música. Pero son quince minutos. Otros bus. Nadie que me importe. ¿Y esos?
- ¡Hooola!
- Hola…
- ¿Qué estay haciendo?
- Espero a alguien
- Uuuyyy espera a alguien, escuchaste eso, uuyy.
-Jajaja ¿Y a quien esperas?
-Eso no se los diré, ¿en que andan?
- Vamos al departamento del guatón José.
- ¿Y ustedes desde cuando andan tan juntitos?
- ¡Yo, con este, ni a la esquina!
- A ella no la conozco, nos encontramos en la fila del baño, Y fue amor a primera vista.
- Jajaja, vamos mejor.
- Chao.
- Chao.
- Que te vaya bien en la cita.
- No es una cita.
 Media hora. A quien engaño.
_______________________
- ¿Tan temprano que llegaste?
-  No llegó.
- ¿Pero cómo?, si ayer llamo para confirmar.
- Tal vez más tarde salga donde el guatón José.
- Hija, no llores.
- ¿Qué le costaba llamarme?¿Y tú por qué lloras?
- Bah! Acaso no puedo llorar con mi hija.
- Mamá, abrázame.

Que nos juntemos el próximo fin de semana. Que no pudo llegar. Que cuando se dio cuenta ya era muy tarde. Que cuando llamó tenía mi celular apagado. Que el viernes a las 5 pasará a buscarme a la casa. Sí, claro. Que me quede en su departamento hasta el domingo. Que le diga a mi mamá que él me traerá. Esta bien, papá.

martes, 4 de enero de 2011

Cualquiera.

Faltaban tres horas y algo para que llegara el bus, llovía con tal ímpetu que el ruido característico del terminal de buses desaparecía a instantes. Sacó un cigarro, lo cobijo en su pelo, cruzo un par de palabras con el guardia de turno y salió a los andamios. Con el cigarro en la mano aun apagado, cualquiera hubiese pensado que era la timidez la que le impedía conseguirse fuego. No cualquiera hubiese pensado en ofrecerle fuego. Siempre pasaba. Dejaba la lluvia a la furia de lado y se tornaba en esa llovizna tan típica que moja hasta el último rincón accesible, y más. Albergado bajo un techo de no sé bien que material en el andamio vecino, un jovenzuelo la admiraba sin ningún tipo de disimulo. Al percatarse de esto nuestra fumadora dejo escapar una leve sonrisa, imperceptible para muchos, no para él. Era raro que se dejara impresionar por un extraño, pero saber que podría abordar cualquiera de los siguientes quince buses que llegarían y retornarían a su trayecto en el transcurso de una hora, le daba cierto no sé qué al susodicho.  Pero lástima se acabo el cigarro. Entro nuevamente, agradeció al guardia por mirar sus pertenencias y busco un buen asiento.  Sentada ya, comenzó a revisar casi inconscientemente su mochila; un ejemplar de Vargas Llosa, otro de Benedetti, un cuaderno o lo que quedaba de él, llaves de procedencia misteriosa, innumerables boletos de micro, documentos importantes y sin importancia, tres lápices, un celular descargado, objetos curiosos, un labial, un aro solitario. Solo le quedaba un bolsillo que en primera instancia le pareció vacio, cuando hacía el esfuerzo por sacar su mano se percató de un papel, lo sacó, estaba doblado en cuatro, lo sostuvo cariñosamente durante varios minutos, no despegó la vista del papel y de vez en cuando una sonrisa adornaba su cara. Cualquiera hubiese imaginado la más pintoresca de las cartas en ese papel. No cualquiera hubiese escrito el par de líneas ahí contenidas… Un sinfín de recuerdos llegaron a su cabeza, algunos nítidos, algunos otros trastocados por algún buen vino. Recordó como esa noche la arena estuvo más negra que de costumbre, una nueva sonrisa inundó su cara. Con el papel aún en la mano, doblado, sacó otro cigarro, esta vez llevó encendedor y se dirigió a la cafetería, ya no hizo falta hablar con el guardia, basto un simple gesto.  El café hervía y mirando el papel que descansaba sobre el mantel de la mesita, acercó la taza a su boca y antes de la primera bocarada sus labios se quemaron con el calor del vapor… el dolor en sus labios no pareció molestarle. Abrió el papel y sin ni siquiera leerlo nuevamente una sonrisa se adueño de su expresión. Cualquiera hubiese pensado que se trataba casi de un chiste. No cualquiera la hubiese hecho sonreír de esa manera.  Encendió el cigarro, tomó el papel, lo dobló teniendo el cuidado de mantenerlo igual, se levantó de la mesa con el papel en la mano y el cigarro fulminado, caminó a su equipaje, miro el papel por última vez y lo guardó en un bolsillo al azar de su mochila. Sacó un cigarro, lo volvió a enredar entre su pelo, caminó hacia el andamio, pero esta vez con su equipaje y todavía sintiendo el calor en sus labios. Quedaban minutos para que llegará el bus.