Cosas que van y a veces, vienen.
sábado, 14 de abril de 2012
sábado, 3 de marzo de 2012
Los días parecen estar más cálidos.
Los días parecen estar mas cálidos, sonrisas que llegan y buscan mi mirada para ser parte de lo que más adelante llamaré recuerdo. ¿Qué es? Historias van, besos vienen. Juegos por todas partes. ¿Por qué? Nadie sabe bien dar una respuesta, pocos la consideran pregunta y la inquietud de la consultante no disminuye. Vivir en lo que será sin perder la noción del hoy hace que el ayer perdure. Feliz salgo de mi casa, felices caminamos a manos juntas hacia la plaza; una con las travesuras a flor de piel, otra con la emoción escondida en la mirada, o así lo creí. La plaza llena, gentío. Los juegos esperan, la felicidad de ambas brota por nuestro pelo. Es que las de pelo enchochado guardamos un secreto. Ella lo notara cuando un día o tal vez una noche, sienta el viento formar un pacto con su cabello. En mi caso, arena. Pero nadie debe enterarse, ya existen rumores. ¿Aló? ¿Hablo con la fábrica de calzados de don Rupertino Machuca?. ¡Hola!. ¿Cómo estás?. Bien ¿y tú?. Bien, por aquí ando, estoy en la plaza. Lo sé. Tijera en mano lo hice esperar, me estaba cortando el pelo, quería cambiar, salir de la existente yo, no para dejar de ser, sino para ser más. ¡Mamá! apúrate. Si me falta poco. ¡Mami!.¡Ya!, vamos. Las tardes pasaban velozmente entre juegos, chubis, más juegos y mi admiración ante la complicidad de los participantes recién presentados. Llegaba la noche y Alfonso Alcalde se aparecía a ratos. Las calles se volvían pasarela de la vida que llegaba entre la música y la gente que transitaba por el lugar, cansados ya del ajetreo santajuanino nocturno, que solo se da en esta fecha, pero buscando siempre donde continuar pasando la noche. Caricias que se hacen cariño, besos que se hacen sueños, cuentos que se hacen realidad, miradas que se hacen cómplices. ¡Ya! Me tengo que ir. ¿Mañana te veré?. Yo creo, ¿me vas a dejar?. Vamos. En la cama sintiendo su respirar, recuerdo. La miro. Creo mirarla en la oscuridad. Lloro. La abrazo. Me duermo en ella. Soñando en nosotros. Éramos.
Santa Juana, enero 2011.
Santa Juana, enero 2011.
martes, 21 de febrero de 2012
( )
Estaba sentada en la mesa del comedor, casi sin moverme, hacía calor y no quería ir a cambiar mi ropa por algo más ligero. Apenas pensaba, apenas levantaba la vista, sola en mi casa. Mire cada objeto que me rodeada sin prestarle la más mínima importancia, todo se me hacía tan común. Poco novedoso. Una sobreexageración de lo neutro. Y me sentí aterrada de pertenecer a eso, a lo corriente. Por eso mi pelo. Por eso la infinidad de aros. Un par para cada día. No tenía que combinar con lo que llevaba, ni los tenía predestinados por alguna ocasión, era tan sencillo como levantarme y ahí frente al espejo decidía cual quería llevar puesto. No me guiaba solo por la forma, también el color, la textura. Todos expresaban algo distinto, algo que no podía definirse sino hasta el día en que los llevaba puestos. Y lo que sentía ahí sentada se semejaba a ponerse los mismos aros varios días seguidos, no poder cambiarlos, como si estuviesen incrustados. Y ahí lo supe, lo común era elegir los aros cada día.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Mariposa.
Hay mariposas que no son de verano
ni de primavera.
Hay mariposas que solo viven
en la canción de un cubano
De esas hay pocas.
Otras vuelan lejos y se pierden de estación
y se tiñen de blanco.
Unas más grandes que otras
imponen su colorido
entre metálicos tonos.
Niños se sorprenden
como si solo existieran en el canal del cable.
Otras pequeñas unicolor
alzan el vuelo y parecen
engañar la vista;
¿Era una mariposa?
Están las imaginarias
esas de los enamorados
de vuelo ágil,
se esfuman rápido.
Hay mariposas abstractas
creadas por una mano pequeña
que en sus colores recrean
la infancia más pura,
plasmadas en papel.
ni de primavera.
Hay mariposas que solo viven
en la canción de un cubano
De esas hay pocas.
Otras vuelan lejos y se pierden de estación
y se tiñen de blanco.
Unas más grandes que otras
imponen su colorido
entre metálicos tonos.
Niños se sorprenden
como si solo existieran en el canal del cable.
Otras pequeñas unicolor
alzan el vuelo y parecen
engañar la vista;
¿Era una mariposa?
Están las imaginarias
esas de los enamorados
de vuelo ágil,
se esfuman rápido.
Hay mariposas abstractas
creadas por una mano pequeña
que en sus colores recrean
la infancia más pura,
plasmadas en papel.
domingo, 19 de junio de 2011
No llores.
A esta hora ya no llegó. Son quince minutos. Me hubiese avisado. Ahí viene un bus. Se detuvo. No logro distinguir bien, los vidrios están empañados. Se bajan tres personas. Mejor me voy. ¿Y si se confundió? Simplemente no pudo venir y no pudo avisarme. Mejor escucho música. Pero son quince minutos. Otros bus. Nadie que me importe. ¿Y esos?
- ¡Hooola!
- Hola…
- ¿Qué estay haciendo?
- Espero a alguien
- Uuuyyy espera a alguien, escuchaste eso, uuyy.
-Jajaja ¿Y a quien esperas?
-Eso no se los diré, ¿en que andan?
- Vamos al departamento del guatón José.
- ¿Y ustedes desde cuando andan tan juntitos?
- ¡Yo, con este, ni a la esquina!
- A ella no la conozco, nos encontramos en la fila del baño, Y fue amor a primera vista.
- Jajaja, vamos mejor.
- Chao.
- Chao.
- Que te vaya bien en la cita.
- No es una cita.
- ¡Hooola!
- Hola…
- ¿Qué estay haciendo?
- Espero a alguien
- Uuuyyy espera a alguien, escuchaste eso, uuyy.
-Jajaja ¿Y a quien esperas?
-Eso no se los diré, ¿en que andan?
- Vamos al departamento del guatón José.
- ¿Y ustedes desde cuando andan tan juntitos?
- ¡Yo, con este, ni a la esquina!
- A ella no la conozco, nos encontramos en la fila del baño, Y fue amor a primera vista.
- Jajaja, vamos mejor.
- Chao.
- Chao.
- Que te vaya bien en la cita.
- No es una cita.
Media hora. A quien engaño.
_______________________
- ¿Tan temprano que llegaste?
- No llegó.
- ¿Pero cómo?, si ayer llamo para confirmar.
- Tal vez más tarde salga donde el guatón José.
- Hija, no llores.
- ¿Qué le costaba llamarme?¿Y tú por qué lloras?
- Bah! Acaso no puedo llorar con mi hija.
- Mamá, abrázame.
Que nos juntemos el próximo fin de semana. Que no pudo llegar. Que cuando se dio cuenta ya era muy tarde. Que cuando llamó tenía mi celular apagado. Que el viernes a las 5 pasará a buscarme a la casa. Sí, claro. Que me quede en su departamento hasta el domingo. Que le diga a mi mamá que él me traerá. Esta bien, papá.
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- ¿Tan temprano que llegaste?
- No llegó.
- ¿Pero cómo?, si ayer llamo para confirmar.
- Tal vez más tarde salga donde el guatón José.
- Hija, no llores.
- ¿Qué le costaba llamarme?¿Y tú por qué lloras?
- Bah! Acaso no puedo llorar con mi hija.
- Mamá, abrázame.
Que nos juntemos el próximo fin de semana. Que no pudo llegar. Que cuando se dio cuenta ya era muy tarde. Que cuando llamó tenía mi celular apagado. Que el viernes a las 5 pasará a buscarme a la casa. Sí, claro. Que me quede en su departamento hasta el domingo. Que le diga a mi mamá que él me traerá. Esta bien, papá.
martes, 4 de enero de 2011
Cualquiera.
Faltaban tres horas y algo para que llegara el bus, llovía con tal ímpetu que el ruido característico del terminal de buses desaparecía a instantes. Sacó un cigarro, lo cobijo en su pelo, cruzo un par de palabras con el guardia de turno y salió a los andamios. Con el cigarro en la mano aun apagado, cualquiera hubiese pensado que era la timidez la que le impedía conseguirse fuego. No cualquiera hubiese pensado en ofrecerle fuego. Siempre pasaba. Dejaba la lluvia a la furia de lado y se tornaba en esa llovizna tan típica que moja hasta el último rincón accesible, y más. Albergado bajo un techo de no sé bien que material en el andamio vecino, un jovenzuelo la admiraba sin ningún tipo de disimulo. Al percatarse de esto nuestra fumadora dejo escapar una leve sonrisa, imperceptible para muchos, no para él. Era raro que se dejara impresionar por un extraño, pero saber que podría abordar cualquiera de los siguientes quince buses que llegarían y retornarían a su trayecto en el transcurso de una hora, le daba cierto no sé qué al susodicho. Pero lástima se acabo el cigarro. Entro nuevamente, agradeció al guardia por mirar sus pertenencias y busco un buen asiento. Sentada ya, comenzó a revisar casi inconscientemente su mochila; un ejemplar de Vargas Llosa, otro de Benedetti, un cuaderno o lo que quedaba de él, llaves de procedencia misteriosa, innumerables boletos de micro, documentos importantes y sin importancia, tres lápices, un celular descargado, objetos curiosos, un labial, un aro solitario. Solo le quedaba un bolsillo que en primera instancia le pareció vacio, cuando hacía el esfuerzo por sacar su mano se percató de un papel, lo sacó, estaba doblado en cuatro, lo sostuvo cariñosamente durante varios minutos, no despegó la vista del papel y de vez en cuando una sonrisa adornaba su cara. Cualquiera hubiese imaginado la más pintoresca de las cartas en ese papel. No cualquiera hubiese escrito el par de líneas ahí contenidas… Un sinfín de recuerdos llegaron a su cabeza, algunos nítidos, algunos otros trastocados por algún buen vino. Recordó como esa noche la arena estuvo más negra que de costumbre, una nueva sonrisa inundó su cara. Con el papel aún en la mano, doblado, sacó otro cigarro, esta vez llevó encendedor y se dirigió a la cafetería, ya no hizo falta hablar con el guardia, basto un simple gesto. El café hervía y mirando el papel que descansaba sobre el mantel de la mesita, acercó la taza a su boca y antes de la primera bocarada sus labios se quemaron con el calor del vapor… el dolor en sus labios no pareció molestarle. Abrió el papel y sin ni siquiera leerlo nuevamente una sonrisa se adueño de su expresión. Cualquiera hubiese pensado que se trataba casi de un chiste. No cualquiera la hubiese hecho sonreír de esa manera. Encendió el cigarro, tomó el papel, lo dobló teniendo el cuidado de mantenerlo igual, se levantó de la mesa con el papel en la mano y el cigarro fulminado, caminó a su equipaje, miro el papel por última vez y lo guardó en un bolsillo al azar de su mochila. Sacó un cigarro, lo volvió a enredar entre su pelo, caminó hacia el andamio, pero esta vez con su equipaje y todavía sintiendo el calor en sus labios. Quedaban minutos para que llegará el bus.
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