sábado, 3 de marzo de 2012

Manifiesto de un Pelo Perdido.

Los días parecen estar más cálidos.

Los días parecen estar mas cálidos, sonrisas que llegan y buscan mi mirada para ser parte de lo que más adelante llamaré recuerdo. ¿Qué es? Historias van, besos vienen. Juegos por todas partes. ¿Por qué? Nadie sabe bien dar una respuesta, pocos la consideran pregunta y la inquietud de la consultante no disminuye.  Vivir en lo que será sin perder la noción del hoy hace que el ayer perdure. Feliz salgo de mi casa, felices caminamos a manos juntas hacia la plaza; una con las travesuras a flor de piel, otra con la emoción escondida en la mirada, o así lo creí. La plaza llena, gentío. Los juegos esperan, la felicidad de ambas brota por nuestro pelo. Es que las de pelo enchochado guardamos un secreto. Ella lo notara cuando un día o tal vez una noche, sienta el viento formar un pacto con su cabello. En mi caso, arena. Pero nadie debe enterarse, ya existen rumores. ¿Aló? ¿Hablo con la fábrica de calzados de don Rupertino Machuca?. ¡Hola!. ¿Cómo estás?. Bien ¿y tú?. Bien, por aquí ando, estoy en la plaza. Lo sé. Tijera en mano lo hice esperar, me estaba cortando el pelo, quería cambiar, salir de la existente yo, no para dejar de ser, sino para ser más. ¡Mamá! apúrate. Si me falta poco. ¡Mami!.¡Ya!, vamos. Las tardes pasaban velozmente entre juegos, chubis, más juegos y mi admiración ante la complicidad de los participantes recién presentados. Llegaba la noche y Alfonso Alcalde se aparecía a ratos. Las calles se volvían pasarela de la vida que llegaba entre la música y la gente que transitaba por el lugar, cansados ya del ajetreo santajuanino nocturno, que solo se da en esta fecha, pero buscando siempre donde continuar pasando la noche. Caricias que se hacen cariño, besos que se hacen sueños, cuentos que se hacen realidad, miradas que se hacen cómplices. ¡Ya! Me tengo que ir. ¿Mañana te veré?. Yo creo, ¿me vas a dejar?. Vamos. En la cama sintiendo su respirar, recuerdo. La miro. Creo mirarla en la oscuridad. Lloro. La abrazo. Me duermo en ella. Soñando en nosotros. Éramos.


Santa Juana, enero 2011. 

martes, 21 de febrero de 2012

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Estaba sentada en la mesa del comedor, casi sin moverme, hacía calor y no quería ir a cambiar mi ropa por algo más ligero. Apenas pensaba, apenas levantaba la vista, sola en mi casa. Mire cada objeto que me rodeada sin prestarle la más mínima importancia, todo se me hacía tan común. Poco novedoso. Una sobreexageración de lo neutro. Y me sentí aterrada de pertenecer a eso, a lo corriente. Por eso mi pelo. Por eso la infinidad de aros. Un par para cada día. No tenía que combinar con lo que llevaba, ni los tenía predestinados por alguna ocasión, era tan sencillo como levantarme y ahí frente al espejo decidía cual quería llevar puesto. No me guiaba solo por la forma, también el color, la textura. Todos expresaban algo distinto, algo que no podía definirse sino hasta el día en que los llevaba puestos. Y lo que sentía ahí sentada se semejaba a ponerse los mismos aros varios días seguidos, no poder cambiarlos, como si estuviesen  incrustados. Y ahí lo supe, lo común era elegir los aros cada día.